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Pese a haber muerto, la
anciana fue demandada. media docena de personas reclamaba la casa. en vida, un supuesto
cura obtuvo su confianza

INTERESADOS EN APROPIARSE
DE UNA CASA NO DEJAN 'DESCANSAR EN PAZ' A UNA ANCIANA FALLECIDA HACE SEIS AÑOS
Ella aparentaba gozar
de una salud de 'hierro'. Cuando enfermó fue llevada a Otavalo, donde murió al poco
tiempo, llena de escaras y ulceraciones en el cuerpo, en fase de infección total, según
certificó el hospital...
La siguiente es la historia
de la disputa por una casa y un terreno de una mujer que murió hace seis años sin dejar
descendencia.
Hace más de dos décadas, un joven veinteañero de buena presencia se habría presentado
en casa de Piedad Andrade, diciendo que era cura. Ella, una soltera madura, muy católica,
le creyó y pronto el hombre se convirtió en visitante frecuente y consejero de
confianza.
Por aquel entonces ocupaba una parte de la casa el técnico relojero Guido Villavicencio,
quien dice haber pagado arriendo durante un tiempo, luego la mujer le tomó confianza y le
pidió que se quedara a acompañarla porque en la zona había mucha inseguridad; también
dejó de cobrarle las mensualidades.
En una mediagua ubicada en la parte posterior del terreno vivía un hombre de Otavalo que
se hacía llamar Pablo Iza. La planta baja de la casa, la alquilaba una mujer que tenía
un restaurante.
Sobre las visitas del cura a Piedad Andrade, el relojero cuenta que a veces escuchaba
rezos en la sala, inclusive cree que ella se confesaba.
En enero de 2002, la mujer cumplió 78 años. Algunas personas que la conocieron dicen que
aparentaba menos edad de la que tenía y presentaba una excelente condición física, pero
ese año su salud empezó a decaer y enfermó.
Entonces, Iza convenció a la anciana de que solo podría restablecerse en Otavalo
(provincia de Imbabura), donde él y su familia la cuidarían a tiempo completo. Así fue
como un buen día se la llevó a esa ciudad. Aparentemente la mujer no fue auscultada por
un médico de Quito ni hubo un diagnóstico de la enfermedad antes del viaje.
Pocos días después, Iza volvió a Quito con un camión y se llevó todos los muebles de
la anciana.
Lo último que se sabe de la vida de Andrade es que el 3 de septiembre fue ingresada al
hospital San Luis de Otavalo. Su cuerpo presentaba múltiples úlceras y escaras en
etapa de infección total y un deterioro clínico progresivo, de acuerdo a una
certificación de esa casa de salud. Además, en las notas recogidas en la historia
clínica consta que Piedad vivía al cuidado de otra anciana....
Durante los 21 días que permaneció internada en el hospital, el cuadro clínico de
Andrade se complicó aún más: sus órganos sufrieron una falla multisistémica y murió.
Era el 24 de septiembre de 2002.
Al día siguiente, el cura acudió a las oficinas del Registro Civil de Quito para
registrar el fallecimiento. En el certificado de defunción consta que Piedad Andrade
dejó de existir en Santa Prisca, una parroquia urbana de la capital. Ella está enterrada
en el panteón del Colegio San Gabriel.
Para finales de febrero del siguiente año, Guido Villavicencio presentó una demanda de
prescripción adquisitiva de dominio de la casa mencionada anteriormente, en contra de la
fallecida y de Miguel Albán, el supuesto sacerdote.
El demandante aducía que se hallaba en posesión pacífica, ininterrumpida, con
ánimo de señor y dueño, sin violencia o clandestinidad, desde el 7 de agosto de
1984. También aseguraba haber efectuado algunos desembolsos de dinero para realizar
varias mejoras en el inmueble. Antes de presentar la demanda, el técnico relojero firmó
un contrato por $200 con el abogado que lo patrocinó.
Por esa época, Villavicencio se enteró de que Andrade había vendido, recomprado y
vuelto a vender la casa a Miguel Albán. Al final habría descubierto que no era cura.
(AA/SR)
Inmueble
'cambia' de dueño seis veces
Cuando empieza juicio de prescripción, declaran embargo por
una letra de cambio
Según el Registro de la Propiedad, el
inmueble cambió de manos en cinco ocasiones, entre 1982 y 1997. Durante todo ese tiempo y
hasta varios meses antes de su muerte (septiembre 2002), Piedad Andrade vivió en aquella
casa.
La primera escritura data de febrero de 1982; Andrade vendió el inmueble a Manuela
Muñoz. En junio de 1988 lo vendió a Laura Recalde. Ella, a su vez, lo traspasó a
Albán, en octubre del mismo año.
Mediante una cuarta escritura, Albán devolvió la casa a Piedad Andrade y, el 3 de
diciembre de 1993, ella la pasó nuevamente a Albán. Para marzo de 1997, este la vendió
a Gustavo Acosta, quien la traspasó a Albán en octubre de ese año.
Para entonces, Piedad Andrade ya se habría dado cuenta de que se hallaba inmersa en una
estafa. Era demasiado tarde.
Cuando Villavicencio planteó el juicio de prescripción adquisitiva de dominio (justifica
haber incluido a Andrade en la demanda con el argumento de que no sabía de su muerte),
una mujer de apellido Barrera embargó la casa porque Albán le debía $19 500, según
consta en una letra de cambio.
Tras el embargo, vino el remate del inmueble. Hubo cinco proponentes: la señora Barrera
ofreció $45 mil, Manuel Díaz ofertó $65 mil, Carlota Castro ofreció $80 100, Raúl
Velasco propuso $71 mil y Segundo Molina, $140 mil.
Luego de eso, el juez 7.º de lo Civil de Pichincha, Raúl Mariño, adjudicó la casa a
quien ofrecía la suma más alta.
Entonces, Molina exigió la entrega del inmueble completamente saneado y obtuvo una orden
de desalojo para sacar del lugar a Guido Villavicencio, quien asegura haber vivido en la
casa desde 1984. (AA/SR)
Dueña de
casa se convierte en arrendataria
El propietario adjuntó un contrato y declaró haber presentado
una acción de desahucio
Tras las compras, ventas y reventas, la
dueña de casa, Piedad Andrade, se convirtió en inquilina de Miguel Albán.
Así contestó Albán a la demanda de Villavicencio, mediante un escrito presentado en el
Juzgado n.º 23 de lo Civil de Pichincha.
La señorita Piedad Andrade tenía la calidad de inquilina, mas no de propietaria de
la casa, cuyo dueño soy yo desde la fecha en que la adquirí (octubre de 1997), inclusive
adjunto el respectivo contrato de arrendamiento celebrado con la mencionada señorita
debidamente inscrito..., consta en el referido documento.
Albán también menciona haber presentado una acción de desahucio en contra de la
inquilina y un subarrendador cuyo nombre no aparece en el escrito. Añade que
Piedad Andrade le entregó la casa a finales de octubre de 2002.
BLANCO Y NEGRO no logró ubicar a Albán para que indique cómo la mujer, fallecida el 24
de septiembre de 2002, cuya muerte inscribió él mismo en el Registro Civil, pudo
devolverle el inmueble.
También llaman la atención varios contratos de arrendamiento celebrados con los
inquilinos, en los cuales aparece Andrade como la propietaria de la casa.
Además, una inquilina declaró en la Fiscalía haberse enterado de la muerte por
intermedio de Pablo Iza, quien le pidió no contar a nadie el hecho, para continuar
cobrando los arriendos en nombre de ella, como si aún viviera. (AA/SR)

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