Blanco y Negro Periodismo de Investigación
  Quito, 14 de enero  de 2008

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UNA MUJER SIN DESCENDENCIA DESATA 'DANZA' DE AMBICIONES

Pese a haber muerto, la anciana fue demandada. media docena de personas reclamaba la casa. en vida, un supuesto cura obtuvo su confianza

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INTERESADOS EN APROPIARSE DE UNA CASA NO DEJAN 'DESCANSAR EN PAZ' A UNA ANCIANA FALLECIDA HACE SEIS AÑOS

Ella aparentaba gozar de una salud de 'hierro'. Cuando enfermó fue llevada a Otavalo, donde murió al poco tiempo, llena de escaras y ulceraciones en el cuerpo, en fase de infección total, según certificó el hospital...

La siguiente es la historia de la disputa por una casa y un terreno de una mujer que murió hace seis años sin dejar descendencia.

Hace más de dos décadas, un joven veinteañero de buena presencia se habría presentado en casa de Piedad Andrade, diciendo que era cura. Ella, una soltera madura, muy católica, le creyó y pronto el hombre se convirtió en visitante frecuente y consejero de confianza.

Por aquel entonces ocupaba una parte de la casa el técnico relojero Guido Villavicencio, quien dice haber pagado arriendo durante un tiempo, luego la mujer le tomó confianza y le pidió que se quedara a acompañarla porque en la zona había mucha inseguridad; también dejó de cobrarle las mensualidades.

En una mediagua ubicada en la parte posterior del terreno vivía un hombre de Otavalo que se hacía llamar Pablo Iza. La planta baja de la casa, la alquilaba una mujer que tenía un restaurante.

Sobre las visitas del cura a Piedad Andrade, el relojero cuenta que a veces escuchaba rezos en la sala, inclusive cree que ella se confesaba.

En enero de 2002, la mujer cumplió 78 años. Algunas personas que la conocieron dicen que aparentaba menos edad de la que tenía y presentaba una excelente condición física, pero ese año su salud empezó a decaer y enfermó.

Entonces, Iza convenció a la anciana de que solo podría restablecerse en Otavalo (provincia de Imbabura), donde él y su familia la cuidarían a tiempo completo. Así fue como un buen día se la llevó a esa ciudad. Aparentemente la mujer no fue auscultada por un médico de Quito ni hubo un diagnóstico de la enfermedad antes del viaje.

Pocos días después, Iza volvió a Quito con un camión y se llevó todos los muebles de la anciana.


Lo último que se sabe de la vida de Andrade es que el 3 de septiembre fue ingresada al hospital San Luis de Otavalo. Su cuerpo presentaba múltiples úlceras y escaras “en etapa de infección total y un deterioro clínico progresivo”, de acuerdo a una certificación de esa casa de salud. Además, en las notas recogidas en la historia clínica consta que Piedad vivía “al cuidado de otra anciana...”.

Durante los 21 días que permaneció internada en el hospital, el cuadro clínico de Andrade se complicó aún más: sus órganos sufrieron una falla multisistémica y murió. Era el 24 de septiembre de 2002.

Al día siguiente, el cura acudió a las oficinas del Registro Civil de Quito para registrar el fallecimiento. En el certificado de defunción consta que Piedad Andrade dejó de existir en Santa Prisca, una parroquia urbana de la capital. Ella está enterrada en el panteón del Colegio San Gabriel.

Para finales de febrero del siguiente año, Guido Villavicencio presentó una demanda de prescripción adquisitiva de dominio de la casa mencionada anteriormente, en contra de la fallecida y de Miguel Albán, el supuesto sacerdote.

El demandante aducía que se hallaba en posesión pacífica, ininterrumpida, “con ánimo de señor y dueño, sin violencia o clandestinidad, desde el 7 de agosto de 1984”. También aseguraba haber efectuado algunos desembolsos de dinero para realizar varias mejoras en el inmueble. Antes de presentar la demanda, el técnico relojero firmó un contrato por $200 con el abogado que lo patrocinó.

Por esa época, Villavicencio se enteró de que Andrade había vendido, recomprado y vuelto a vender la casa a Miguel Albán. Al final habría descubierto que no era cura. (AA/SR)

 Inmueble 'cambia' de dueño seis veces

Cuando empieza juicio de prescripción, declaran embargo por una letra de cambio

Según el Registro de la Propiedad, el inmueble cambió de manos en cinco ocasiones, entre 1982 y 1997. Durante todo ese tiempo y hasta varios meses antes de su muerte (septiembre 2002), Piedad Andrade vivió en aquella casa.

La primera escritura data de febrero de 1982; Andrade vendió el inmueble a Manuela Muñoz. En junio de 1988 lo vendió a Laura Recalde. Ella, a su vez, lo traspasó a Albán, en octubre del mismo año.

Mediante una cuarta escritura, Albán devolvió la casa a Piedad Andrade y, el 3 de diciembre de 1993, ella la pasó nuevamente a Albán. Para marzo de 1997, este la vendió a Gustavo Acosta, quien la traspasó a Albán en octubre de ese año.

Para entonces, Piedad Andrade ya se habría dado cuenta de que se hallaba inmersa en una estafa. Era demasiado tarde.

Cuando Villavicencio planteó el juicio de prescripción adquisitiva de dominio (justifica haber incluido a Andrade en la demanda con el argumento de que no sabía de su muerte), una mujer de apellido Barrera embargó la casa porque Albán le debía $19 500, según consta en una letra de cambio.

Tras el embargo, vino el remate del inmueble. Hubo cinco proponentes: la señora Barrera ofreció $45 mil, Manuel Díaz ofertó $65 mil, Carlota Castro ofreció $80 100, Raúl Velasco propuso $71 mil y Segundo Molina, $140 mil.

Luego de eso, el juez 7.º de lo Civil de Pichincha, Raúl Mariño, adjudicó la casa a quien ofrecía la suma más alta.

Entonces, Molina exigió la entrega del inmueble completamente saneado y obtuvo una orden de desalojo para sacar del lugar a Guido Villavicencio, quien asegura haber vivido en la casa desde 1984. (AA/SR)

 Dueña de casa se convierte en arrendataria

El propietario adjuntó un contrato y declaró haber presentado una acción de desahucio

Tras las compras, ventas y reventas, la dueña de casa, Piedad Andrade, se convirtió en inquilina de Miguel Albán.

Así contestó Albán a la demanda de Villavicencio, mediante un escrito presentado en el Juzgado n.º 23 de lo Civil de Pichincha.

“La señorita Piedad Andrade tenía la calidad de inquilina, mas no de propietaria de la casa, cuyo dueño soy yo desde la fecha en que la adquirí (octubre de 1997), inclusive adjunto el respectivo contrato de arrendamiento celebrado con la mencionada señorita debidamente inscrito...”, consta en el referido documento.

Albán también menciona haber presentado una acción de desahucio en contra de la “inquilina” y un subarrendador cuyo nombre no aparece en el escrito. Añade que Piedad Andrade le entregó la casa a finales de octubre de 2002.

BLANCO Y NEGRO no logró ubicar a Albán para que indique cómo la mujer, fallecida el 24 de septiembre de 2002, cuya muerte inscribió él mismo en el Registro Civil, pudo devolverle el inmueble.

También llaman la atención varios contratos de arrendamiento celebrados con los inquilinos, en los cuales aparece Andrade como la propietaria de la casa.

Además, una inquilina declaró en la Fiscalía haberse enterado de la muerte por intermedio de Pablo Iza, quien le pidió no contar a nadie el hecho, para continuar cobrando los arriendos en nombre de ella, como si aún viviera. (AA/SR)

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