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Senader aprueba los proyectos que presentan las entidades y federaciones, pero la firma de
convenios y la inauguración de obras son actos del presente Gobierno
En el edificio donde funcionaba Filancard,
en la avenida de Los Shyris, en Quito, está ahora la Secretaría Nacional del Deporte
(Senader). En la puerta de ingreso a una se lee: "Despacho del señor ministro".
Cuando su secretaria, Anita, contesta las llamadas dice: "Despacho del señor
ministro".
Pero él no se ruboriza: "Sí, mi cargo es de secretario, pero en realidad soy un
ministro y lo voy a hacer un año antes de que Lucio Gutiérrez deje el poder, pues, para
esa fecha quedará ya constituido el Ministerio del Deporte".
En la antesala del despacho existen 38 placas de agradecimiento, ocho de ellas son de
vidrio. Una de bronce es de la Asociación de Periodistas Deportivos de Pichincha (APDP),
que lo nombró padrino de las bodas de oro de esa institución, el año pasado.
Ya en el despacho, se observa también 26 placas de agradecimiento y cinco trofeos. Uno es
de ecuavoley, deporte del cual el secretario de deportes es uno de sus mejores
representantes, como confiesan sus más cercanos colaboradores.
Y es que el coronel Luis Tapia se presenta en todas partes como el ministro del Deporte,
aunque su cargo oficialmente es el de secretario nacional de esa entidad. Está convencido
de que su labor es la mejor que se ha hecho en la historia de esa actividad en el país.
Reconoce que puede ser un poco vanidoso llamarse ministro, pero destaca que hace labor
más que ninguna otra autoridad. De hecho, afirma categóricamente: "Yo soy un
revolucionario del deporte ecuatoriano". Reafirma su declaración de que construirá
piscinas donde no hay agua potable, pues se utilizará la de los ríos.
Y sobre las obras que construye, proyecta y planifica en todas las provincias del país
(aunque no todas las federaciones dicen recibir igual tratamiento que Manabí o Bolívar),
Tapia señala que son ofrecimentos que se hacen realidad y que para ello se buscan
recursos de donde sea. Todo con un objetivo: "Masificar el deporte, pues todo el
sistema deportivo estaba en crisis".
Argumenta que no se entregan por demagogia o campaña electoral y mucho menos solo a los
alcaldes o prefectos de los partidos afines a Lucio Gutiérrez. "Incluso, he ordenado
prohibir inauguraciones en esta etapa electoral", dice, y señala que a él no le
importa de dónde le llegan los recursos cuando se le consulta si sabía que se utilizó
dinero del Programa Nuestros Niños para las obras proyectadas en cuatro estadios de
Manabí. (OP)
PUNTO DE VISTA
El deporte como plataforma política
LNo hay una consecuencia directa entre la infraestructura deportiva que se construye y los
efectos positivos en el desarrollo técnico del deporte. Por lo menos en el Ecuador, la
experiencia es negativa.
Por eso, deja muchas dudas que todos los proyectos que implementa la Secretaría Nacional
del Deporte (Senader) tengan solo un objetivo netamente deportivo, en favor de los
deportistas y como una inversión para cosechar medallas y triunfos en todos los campos.
Se respira un aire político y clientelar en todos los actos de entrega de algunas obras y
firmas de convenio en varios cantones, donde ya existen estadios y las necesidades
urgentes de la población son de otra naturaleza (salud, educación, alcantarillado, entre
otras).
La queja de ciertas federaciones provinciales también cuenta. Dicen sus dirigentes que
existe un trato discriminatorio, pues a unas provincias se les da más que a otras.
Incluso, denuncian que se firman convenios y proyectan obras sin tomar en cuenta las
consideraciones técnicas y deportivas de cada provincia.
Lla fiscalización no solo debe entenderse como cumplir el plan, sino su efecto deportivo.
De ahí que Senader y el Gobierno central deben explicar, en detalle, por qué se
trasladan recursos de proyectos sociales a obras de infraestructura deportiva. De otro
modo, canchas y coliseos se podrán llenar para actos políticos y no con deportistas bien
alimentados. (OP)
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