"Cuando miembros de la familia
Isaías, distinguidos comerciantes del puerto principal, adquirieron el Banco La
Filantrópica, lo hicieron con el propósito de dotar a Guayaquil de una nueva
institución bancaria que mirara, sobre todo, la expansión del sector comercial y
agrícola de la Costa", decía el análisis de HOY, del jueves anterior, sobre la
quiebra.
La historia de Filanbanco es gran parte de la historia de Ecuador, de sus éxitos y
fracasos en el siglo XX. Apareció a comienzos de siglo, como una entidad financiera capaz
impulsar el desarrollo económico de una naciente clase media, esencialmente comerciante,
con el nombre de La Filantrópica. Años después llegaría al país Emilio Isaías Abi
Hanna para radicarse en Catarama, desde donde se dedicaría al comercio, quien con el
transcurrir de los años fundará en Guayaquil los Almacenes Emilio Isaías, en 1928.
Son los descendientes de Emilio Isaías y de María Barquet, con quien casó en 1918,
quienes salvarían de la quiebra a La Filantrópica y le darían una proyección nacional,
al adquirirlo en 1958.
"Aquellos propietarios tenían en su mente esa frase que repetía don Alberto Acosta
Soberón -dice el Análisis-: "(...) El banquero debe ser sólo banquero".
En manos de Pedro Isaías Barquet, La Filantrópica alentó el desarrollo de la pequeña
industria, el comercio y la agricultura, y se consolidó como una institución financiera
fuerte y solvente, hasta su muerte en 1960, cuando la familia decidió conservar el banco
e inyectarle capital. (JT)
Las palabras que daban la partida de defunción
"La AGD nació y no le dieron la coactiva. Cuando declararon la protección (de
depósitos), la declararon sin límite de monto y Ecuador es un país que tiene pobreza, y
responder hasta el último centavo no se puede en ninguna parte"', declaró el
presidente Gustavo Noboa, dando paso a la liquidación de ese organismo, acción que
terminaría en el cierre de Filanbanco.
En una carta enviada al entonces presidente del Congreso, Juan José Pons, los entonces
presidente del directorio del Banco Central y superintendente de Bancos, Luis Jácome y
Jorge Egas Peña argumentaron a favor de la AGD que su "creación no implicaba costo
para el Estado". En el tiempo que el Estado administró Filanbanco se han realizado
cinco capitalizaciones con bonos del Estado.
En total se entregó para evitar su cierre $1 116 millones, infructuosamente. (JT)
Noviembre de 1998: las luces de alarma comienzan a encenderse
La crisis de Filanbanco comenzó en enero de 1998 cuando sus balances empezaban a lanzar
luces de advertencia, según Jorge Rodríguez Torres, de la Comisión de Control Cívico
de la Corrupción, organismo que ha realizado dos investigaciones de las quiebras de
Filanbanco: de la anterior que estuvo a cargo de la familia Isaías, y de la última, en
manos del Estado.
"Cuando Roberto Isaías Dassum dejó Filanbanco, el 3 de diciembre de 1998, para que
la Agencia de Garantía de Depósitos (AGD) lo manejara desde el día siguiente, no se
quitó el peso de encima. Si bien sus abogados y la familia a través de los medios de
comunicación del Grupo Isaías se empeñaron en demostrar que la administración del
banco fue transparente, aún se mantienen las órdenes de prisión en contra de los
hermanos Roberto y William, así como otros funcionarios vinculados a aquella
administración", dice una nota periodística reciente que hace un recuento de lo que
ocurrió con el ex Filanbanco. ¿Qué pasó?
El 23 de noviembre de 1998, Juan Reece, el vocero del Gobierno de Jamil Mahuad, fue el
encargado de anunciar la crisis de Filanbanco y de tranquilizar a los clientes dando a
entender que estaba en marcha crédito del Banco Central (salvamento) por 1,3 billones de
sucres.
Paralelamente, en el Congreso, los diputados pisaron el acelerador para crear la AGD. El
caso de Filanbanco no era aislado, parecía que comenzaba a sentirse un efecto dominó
luego de la quiebra del Continental, en 1994.
Una carta fechada el 20 de noviembre de 1998, firmada por Luis Jácome, como presidente
del directorio del Banco Central, y Jorge Egas Peña, como superintendente de Bancos,
expone las razones por las que era imprescindible la creación de la AGD.
"Uno de los propósitos más importantes de dicha reforma es solventar el gran vacío
de que adolece la legislación vigente en Ecuador, la que no contempla instrumentos
idóneos para el manejo adecuado y no traumático de eventuales crisis financieras",
dice la carta de Luis Jácome y Jorge Egas Peña.
Los funcionarios monetarios y bancarios advertían al Congreso el riesgo del país de
pasar a enfrentar una crisis financiera de consecuencias graves para la economía. Las
razones: la recesión económica, por efectos del fenómeno El Niño, y la crisis
financiera internacional, dos motivos expuestos también por la defensa de la familia
Isaías para explicar las razones de la crisis por la que atravesó Filanbanco.
Trece días más tarde era oficial la pérdida del control de la institución bancaria por
parte del grupo Isaías, uno de los más poderosos del país, con inversiones no solo en
el sector bancario, sino en telecomunicaciones, agroindustria, camaroneras, bananeras,
etcétera. (JT)
¿La salida menos costosa para el Estado resultó ser la más onerosa?
Los datos que exponían las autoridades financieras de la época, para justificar la
creación de la AGD ante el Congreso, eran alarmantes. Según esas cifras, era evidente la
disminución del medio circulante: del 29,8% de crecimiento anual, con una tasa de
inflación del 30,74%, registrado a fines de 1997, cayó al 15,4%, con una tasa de
inflación anual del 44%, que se registró en octubre de 1998.
Es decir, había menos dinero, porque al decrecimiento anual del medio circulante debía
sumarse la reducción de la tasa de crecimiento anual de la liquidez bancaria. Ocurría,
según las autoridades monetarias y bancarias, lo que los economistas llaman
'desmonetización de la economía'. Nueve instituciones financieras debieron recurrir a
créditos de liquidez hasta la fecha en que enviaron la carta, y cuatro, que representaban
18% de los activos del sistema debieron, someterse a programas de estabilización. Todo
esto ocurría en noviembre de 1998, cuando de acuerdo con la legislación vigente y según
las mismas autoridades, lo que quedaba era la liquidación de una o varias instituciones
financieras, entre las que se contaba Filanbanco.
¿Por qué no se procedió según la Ley?
Jácome y Egas Peña aseguraron que la liquidación de una institución financiera podría
generar un grave perjuicio a un gran número de depositantes; la suspensión del normal
flujo de pagos en el sistema con el consecuente entorpecimiento de las transacciones del
sector productivo; la liquidación de otras instituciones financieras; la inestabilidad
generalizada del sistema financiero y el marcado deterioro de la imagen nacional hacía el
exterior y podría poner en riesgo la disponibilidad normal de líneas de crédito
provenientes de la banca internacional, así como generar graves alteraciones
especulativas. (JT).