A los siete años de edad, Jesús Vázquez
Cabezas soportó el primer calvario en su vida estudiantil. Aprender a leer y escribir fue
un proyecto que, obligatoriamente, tuvo que postergar junto con 30 compañeros, en agosto
de 2000. Es que, sin previo aviso, los dos profesores que con desborde de entusiasmo
llegaron a ofrecer sus servicios a inicios de año, desaparecieron.
Atónitos e impotentes, los padres de familia, que pagaron $2 durante cuatro meses como
pensión, no tuvieron más que esperar el inicio del nuevo año lectivo, en abril de 2001,
para matricular a sus hijos en otra de las escuelas particulares de la cooperativa Nueva
Prosperina, en Guayaquil.
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Escuelas piratas, por doquier Funcionan en locales insalubres, con profesores que solo tienen
título de bachiller y cobran entre 2 y 8 dólares
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La de Jesús Vásquez es una de las muchas
historias que se tejen en las cooperativas urbano-marginales de esa ciudad, donde la falta
de locales educativos fiscales ha despertado la astucia de quienes se autocalifican de
'docentes' y crean escuelas, sin considerar las mínimas normas indispensables para el
funcionamiento.
La situación es más crítica en otros casos, donde menores que terminaron la
instrucción primaria no tienen documentos avalados por la Dirección de Educación
Provincial de Educación. Una simple libreta de calificaciones 'certifica' que están en
cierto grado o que terminaron la primaria. Directores de escuelas estatales del sector dan
cuenta de ello, pues aceptan alumnos de grados intermedios con esos problemas. Cierran
así un círculo vicioso en el que se pone en juego el derecho de estos a
"desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física hasta el
máximo de sus posibilidades...", como dice el artículo 29 de la Declaración de los
Derechos del Niño, de las Naciones Unidas. Laddy es otra víctima de ese círculo. En
Nueva Prosperina, ha recorrido por lo menos tres escuelas particulares sin permiso y,
ahora, que tiene 12 años y cursa el quinto grado, "... escribe como un niño de
primero...ha escapado de la mala enseñanza de otras escuelas", afirma Ana Avelino,
su actual tutora de la escuela Amigo Jesús. El comentario resulta paradójico, pues Laddy
estudia en un local no autorizado.
¿Permiso de funcionamiento? "Aún no...", afirma Avelino. "Pero por eso no
vamos a perjudicar a los niños privándoles la educación. Además, vamos a
sacarlo...", justifica .
"... los Estados adoptarán cuantas medidas sean adecuadas para velar por que la
disciplina escolar se administre de modo compatible con la dignidad humana del niño
...", dice el artículo 28 de la Declaración de los Derechos del Niño. Laddy y su
madre, Rosa Soledispa, ignoran ese derecho, que se viola no solo en esta escuela, sino en
algunas, incluso legales, del sector. En el margen nordeste de Guayaquil, las escuelas
piratas surgen por la confluencia de una serie de factores. Las precarias condiciones en
que allí se vive - el ingreso per cápita está entre $60 y $80- permiten que haya
quienes intenten hacer de la educación un negocio lucrativo. Educación bilingüe,
computación, danza y becas, que no se cumplen, son estrategias para reclutar alumnos.
Y como esas escuelas no constan en los planes de supervisión, porque formalmente no
existen, las reglas del juego las imponen los propietarios y los supuestos directores, que
en ocasiones resultan ser los mismos dirigentes barriales.
Otra característica de estas escuelas es la facilidad para cambiar de nombre. Martha
Corozo, moradora de Paraíso de la Flor, recuerda que en 1997, matriculó a su hija en una
escuela, que hasta el 2000, cuando obtuvo el permiso, cambió de nombre en tres
oportunidades. "El Ministerio de Educación y Cultura sancionará a las personas
naturales o jurídicas que organizaren establecimientos educativos sin la autorización
oficial y adoptará las medidas más convenientes para garantizar el derecho de los
alumnos", dice en el artículo 176 de la Ley y Reglamento de Educación. ¿Se cumple?
Las autoridades reconocen la existencia de estas escuelas, pero se declaran impotentes de
tomar medidas efectivas para acabar con esas anomalías recurrentes en la zona marginal.
(JVR)
Se evaden 19 procedimientos
cuyos trámites demoran un año
Los certificados de terminar la primaria no los emiten las escuelas donde se asiste,
sino otras
El cumplimiento de los 19 requisitos para crear una escuela - especialmente la falta de
infraestructura y personal docente - se convierten en la piedra de tropiezo que admiten
los propietarios de las escuelas piratas para no legalizarlas.
Tramitar un permiso dura cerca de un año, lapso en el que se revisan los documentos en la
División de Currículo y se cumple con la inspección de la escuela, función que ejecuta
un supervisor.
En el año 2000, solicitaron permiso de funcionamiento 54 jardines de infantes y 90
escuelas particulares, según registros de la Dirección Provincial de Educación. Los
permisos debieron ser expedidos para este período lectivo, pero no se los ha otorgado
porque durante seis meses permaneció vacante la jefatura de la División Currículo,
explica Freddy Viteri Jiménez, jefe del departamento de Educación Básica.
"Sucede que en ocasiones el 90% de las escuelas que solicita el permiso ya tienen
tiempo funcionando, y se ven obligadas a legalizarse por presiones de padres que detectan
que trabajan de esta manera", dice otro funcionario.
En este sentido, los certificados de terminar la primaria se obtienen por terceros e,
incluso, en las escuelas de los sectores marginales, pasan por alto o son simples
libretines de aprovechamiento.
Según Viteri Jiménez, el proceso que se lleva para otorgar el permiso, es riguroso y se
apega estrictamente a los requisitos. Sin embargo, esto en la realidad no se aplica, si se
considera la condición en que trabajan las escuelas marginales supuestamente legalizadas.
En la práctica, de los 19 requisitos más de cinco se incumplen. Entre ellos, los
relacionados con infraestructura, contratos de los docentes y personal de servicio, así
como los títulos profesionales de estos. (JVR)
Matemáticas
- La falta de escuelas regentadas por el
Estado es lo que permite el surgimiento de locales piratas.
- Según el censo de Misión Alianza de
Noruega, avalado por el INEC, el 14,3% de los niños de diez años que habitan en la zona
Paraíso de la Flor, no asiste a la escuela.
- El 12,95% de los menores de este sector no
terminan el último año de Educación Básica.
- De cada 100 alumnos que se matriculan en el
primer grado, el 56% llega al primer curso y, de ellos, solo 14 serán bachilleres.
- El 86% de los profesores no tiene título
habilitante en el nivel preprimario. En el primario el 21% son docentes y el 37% son
bachilleres en ciencias de la educación.
- Entre los docentes, 23% poseen otro título
profesional y el 30% no tiene estudios universitarios. El 71,5% de docentes son mujeres,
según el Ministerio de Educación y Cultura.
- La desvalorización social de la profesión
docente viene agravada por la escasa remuneración.
- Malas condiciones de vida, salarios bajos,
carencias nutricionales y sanitarias, viviendas precarias, desempleo y subempleo inciden
en la capacidad de aprender de los niños.
- En Guayaquil, hay 2 135 personas que ejercen
la docencia a nivel preprimario en las escuelas particulares laicas.
- En la urbe funcionan 710 escuelas laicas
particulares, en las que se educan 90 189 infantes. De esta cifra, 30 mil estudiarían en
las cooperativas urbano-marginales del norte.
- Por la crisis económica, el 20% de las
familias dejó de enviar por lo menos a un niño a la escuela, según datos de quienes
reciben el bono de la pobreza. (JVR)
Copropietario, docente y director, en una sola persona
Esposo de la directora del plantel. Tiene a su cargo un grado. Es además el profesor de
educación física, copropietario de la escuela y director de los proyectos
'comunitarios', que dice emprender en el sector del Fortín, kilómetro 26 de la vía
Perimetral, al noroeste de Guayaquil.
Se trata de Edisson Realpe, miembro de la Unión Nacional de Educadores y militante del
Movimiento Popular Democrático.
Su inclinación política se refleja en la gran pancarta que promociona a Carlos Medina,
dirigente emepedista, instalada en el reducido patio de Jumandi, su escuela, cuya
numeración es la 640, otorgada por la Dirección de Educación del Guayas. Allí se
educan cerca de 300 niños, en un espacio que no responde al número del alumnado: Solo
dos pabellones de 40 m2. Realpe no se inmuta al momento de explicar por qué tiene una
pancarta proselitista en su local escolar. "Es que es mi partido", dice,
orgulloso.
Lo que él desconoce es que "El Estado (...) prohíbe la propaganda y proselitismo
político en los planteles educativos...", según el artículo 67 de la Constitución
Política. En el sector del Fortín se contabilizan más de 20 escuelas particulares,
entre legales e ilegales. " ... y algunas son de los dirigentes de las
cooperativas", coinciden en afirmar varios moradores. Un kilómetro más allá, en la
segunda etapa de la precooperativa Balerio Estacio, un letrero anuncia las matrículas
para ingresar a la escuela Veinticinco de Junio. Gloria Vergara, dirigente de la
precooperativa admite no tener permiso de funcionamiento, pero 30 niños están ya
matriculados.
"La supervisora ya tiene conocimiento, por eso me recomendó trasladar a los niños a
otra escuela cercana hasta que salga el permiso", comenta. (JVR)
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