Ante la cruda realidad procesal, es
menester que las instancias encargadas velen para que la legislación responda a hechos
contemporáneos". Un fragmento de la providencia de 12 páginas del juez, emitida el
22 de septiembre de 1997, simplifica la resolución, que fue ratificada por el Ministerio
Fiscal y las dos Salas de la Corte Superior de Riobamba.
En la etapa sumarial (de investigaciones), dice Miguel Guambo, no se encontraron los
elementos suficientes como para continuar con el proceso, que empezó en el Juzgado 12 de
lo Penal de Pichincha, cuyo entonces encargado, Franklin Yánez, se inhibió de continuar
con el trámite porque los hechos que se investigaban se habían cometido en Riobamba,
Lixto y Tixán.
Antonio Chito, de 39 años de edad, estaba sindicado ya en otros Juzgados Penales de la
provincia, como en el Quinto, que funciona en el cantón Colta. Allí está el caso 18-97,
que revisó BLANCO y NEGRO, en el cual él encabeza una lista de 15 personas más
dedicadas a la 'venta' y 'prestación' de menores. Pero también obtuvo sobreseimiento
provisional, pues el delito no está tipificado en las leyes de Ecuador.
Chito trabaja en el comercio informal de Venezuela hace 22 años (tenía tres almacenes),
país donde, hasta 1997, se registraban 50 mil inmigrantes ilegales ecuatorianos. "Un
montón de gente se dedica a este negocio y nadie dice nada. El fue un chivo
expiatorio", afirma Marco Piedra Orozco, quien era el abogado defensor de Antonio
Chito.
Y en los procesos que permanecen archivados, hasta que se extingan o prescriban (de cinco
a diez años), aún no se aclara, por ejemplo, el paradero de varios infantes que viajaron
a Venezuela y nunca más regresaron. Chito insistió en que él solamente había llevado
un total de 19. En 1997, además, Luis Terán Játiva, ex cónsul de Ecuador en Venezuela,
entregó a las autoridades de la Policía Técnica Judicial varias denuncias de casos
concretos de niños que permanecían en Caracas controlados por los supuestos traficantes.
El seguimiento de estos, no obstante, es nulo, pese a que se incrementa el tráfico de
menores en Ecuador, sobre todo en Chimborazo, en medio de la desesperación de los
indígenas por emigrar. (APM)
La sede, semi abandonada
La casa de Antonio Chito Mocha (al fondo), en la parroquia Santiago de Quito, cantón
Colta, casi siempre permanece deshabitada, luego de que él fue apresado en 1997 y
posteriormente liberado por llevar ilegalmente menores de edad a Venezuela.
Moradores del sector, sin embargo, reiteran que el ex presunto traficante de niños llega
en los días festivos a su antigua vivienda y aún acuden a él decenas de padres para
'ofrecerle' a sus hijos.
No hay mucha información sobre cuál es la actividad que realiza en Venezuela Antonio
Chito Mocha. La mayoría de los habitantes de la parroquia prefieren no comentar al
respecto, pues afirman que la última persona que habló fue apaleada. Actualmente, la
Fundación Amauta prepara un material en quichua sobre los Derechos de los Niños y el
Tráfico de Menores, para que las comunidades indígenas se informen del problema y, sobre
todo, frenarlo de manera definitiva. (APM)
ENTREVISTA
'Yo mandé a dos de mis ocho hijos'
-Según lo testimonios, en la parroquia Santiago de Quito, continúan los
casos de tráfico de menores.
-Todo achacan a la parroquia, porque en una ocasión hubo ese problema. Y no todo es
verdad. Ahora se buscan muchachos de otras zonas del Chimborazo.
-Aquí ya no hay jóvenes...
-A los que se llevaron siguen trabajando. Muchos ya no son empleados, sino patrones. Ganan
bien, y regresan a hacer sus tremendas casas en las ciudades.
-¿Aquí venden a los niños?
Desde que ocurrió lo del caso de Antonio Chito, ya no ha habido más problemas. Los
patrones los atienden bien. Sí, aún se van, pero yo he frenado un poco eso.
-¿Y eso no es esclavitud?
-Creo que no... Allá, en Venezuela o en Colombia, eso sí, van a trabajar y no a estar
sin hacer nada. Nosotros hemos pedido a los contratantes, que son de la zona, que atiendan
bien, paguen bien y no maltraten a los empleados que se llevan.
-¿El señor Antonio Chito aún frecuenta Santiago de Quito?
-Sí, pero ya no pasa nada. El problema fue hace más de tres años. Él se corrigió y,
si se lleva a alguien, es porque, seguramente, se lo piden los desesperados padres.
-¿Usted, en 1995, firmaba supuestas autorizaciones para que los menores
viajaran al exterior a trabajar?
-(Silencio y frunce el ceño) Ya no lo hago. Aún vienen donde mí los padres... Ahora yo
los mando al Tribunal de Menores para que arreglen el papeleo.
-¿Cuál es el precio de los niños para ustedes?
-13 millones de sucres hasta el año pasado.
-¿Se vende a las personas como objetos?
-Quienes regresan lo hacen con bastante plata. El año pasado retornó un muchacho de
Caracas con un montón de ropa, además del dinero, y empezó su propio negocio por acá.
Casi a todos les va bien. Me piden a mí que les haga un contrato o permiso... pero ya
no....
-Eso equivale a tráfico de menores
-No sé. Lo que le digo fue lo que pasó... y aún pasa aquí...Yo, por ejemplo, mandé a
dos de mis ocho hijos.
-¿Cuánto le dieron?
No sé...la plata fue para ellos. (APM).